LOS DÍAS DE FRODO

Hoy Frodo dormía tranquilo, soñando quizás con extensas nubes algodonadas en las que distraído jugaba eternamente, o acaso, diestro aventurero, imaginaba alguna extensa aventura con final feliz.

Como era su costumbre se acercó sigiloso a dormir a mi lado, y se hizo pequeño, más aun de lo que era.

Como siempre abrió enormemente sus gigantes ojos azules, y luego, poco a poco, los fue cerrando al amparo de las caricias, y de la oscuridad, y de esa tranquilidad que reina en las últimas horas del día.

Frodo no era el gato con botas. Frodo era un gato tranquilo, curioso y eternamente bueno. Nunca conocí ningún ser mas paciente.

A los pocos días de llegar ya no era tímido, ya no era solitario. En unos segundos era parte de nuestra familia. Solo hizo falta mirarnos a los ojos, susurrarnos lentamente  y esperar sin decir nada.

Frodo llevaba quince días con nosotros, y sin embargo sentíamos como si siempre hubiera estado ahí. Respetando el silencio audazmente, asomaba tras cualquier rincón como si llevara allí una eternidad.

Nos hacía reír en sus juegos, en sus costumbres, en sus peleas de atrezzo. Era lento, y rápido, y educado. Casi nunca protestaba, y socializaba en su justa medida. Era un ejemplo de armonía, tenía ese don de la belleza natural que algunos seres poseen, y sin alardear de ella sabía que nos tenía absolutamente entregados.

De una suavidad extrema, y de un callado conformismo. Frodo era nuestro gatito preferido, nuestra nueva sonrisa.

Hoy Frodo dormía tranquilo, soñando con un mundo distinto, con algo más de lo que aquí percibía. Quizás acurrucado en algún rincón cercano, al amparo de los últimos rayos de sol. Quizás con su eterno juego y su mirada triste, acechando asustado a la espera de una suave caricia.

Era pequeño, peludo, de patas grandes y enormes ojos azules. Era bueno, paciente y astuto. Le llamamos Frodo, y vivió con nosotros hasta ayer cuando la vida le mostró su eterna realidad.

Casi no nos despedimos Frodo y yo. Una enfermedad repentina y la dolorosa decisión de evitar su sufrimiento separaron a Frodo de nuestro lado.

Nos conocíamos desde hace unos días, pero nunca más lo olvidaremos. Un rincón de nuestro maltrecho corazón estará siempre contigo.

Hasta pronto viejo amigo. Disfruta del viaje.

Toño Molero.

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