DESANDANDO

Camino hacia atrás, y observo el proceso minuciosamente, repasando cada instante vivido, cada respiración robada, cada gesto adquirido.Los días de latencia infinita, los espíritus caídos, las horas empleadas en casi nada, y la eterna esencia de los años reposando lentamente sobre mi consciencia.

El mundo me contempla distraído, y las horas se apagan suavemente, y solo  entonces la brisa tranquila que acuna los sauces, me suma en un profundo letargo. Algunas estrellas se antorchan ya en el cielo, y algunos sonidos opacos se entremezclan nerviosos entre si.

Entonces contemplo los detalles concretos, como una visión onírica, y se asoman intensos los paisajes resecos del verano, los paseos por los valles viejos, el aroma de las tardes soleadas, los caminos escondidos de belleza extrema, las mañanas de hospital y las tardes de estudio, las aventuras contenidas, los primeros besos, los primeros llantos.

Observo los colores del cielo, el verde de los prados y los muros de mi educación. Los riachuelos helados atrapados en  un crudo invierno, el asfalto desgastado del recreo, el polvo del camino bajo mis pies  inexpertos.

Diviso a la gente a mi alrededor, a mi madre siempre tranquila y sonriente, a mis abuelos pacientes, a mi hermano protector, a mi padre trabajador. Imagino mi cuarto de juegos, sus marcadas fronteras, su acogida constante.

Y además me veo a mi mismo, asustado, inseguro, con la cabeza llena de preguntas, y con una destreza incierta acompañándolo todo,  esperando su momento. Siempre buscando un camino, nervioso de nacimiento, con tanto que aprender, y tanto que olvidar. Y luego me asomo indefenso, atado a una necesidad básica, en mis primeros instantes, y con todo aún por suceder.

Quizás a alguno de vosotros os gustaría poder desandar lo andado, y poder empezar de nuevo a probar esta suerte de fenómeno vital que nos envuelve. Yo, lo hago cada minuto, cada instante, atrapado en los sueños más profundos de los que nunca recuerdo nada.

Lentamente despierto de este pensamiento que nunca olvido y recobro la cordura momentáneamente, solo para preguntarme si realmente he enloquecido ya.

Ahora, las horas traen el final de un nuevo día, y ya no creo en casi nada. Sin embargo pronto llegará la noche y entonces, quizás acaso, soñaré esperanzado con poder desandar lo andado.

Un abrazo.

Toño Molero.

5PASEO08112015

 

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