LAS VIEJAS HISTORIAS

Si me pongo a exprimir mi mente en busca de antiguos recuerdos, curiosamente algunas historias vienen repentinamente a plasmarse en un papel blanquecino que emerge súbito, como si estas hubieran tenido una especial relevancia para mi, aunque ahora no sea muy consciente de ello.

Me pregunto ansiosamente la razón, pues no encuentro una respuesta clara para tal arte.

Muchas de esas viejas historias pasarían silenciosas, apagadas por un mínimo análisis, olvidadas al instante si hubiera elección, y sin embargo perduran en mi mente como esperando una redención milagrosa que las haga imponentes, dignas de mención.

No logro encontrar el nexo razonable de esta espontanea filmación que entrevela mis ideas y elige al azar una falacia entre miles, para simplemente bosquejar una pequeña serenata que rastree nuestra andadura, como un pequeño marcador que nos alumbra lo bien o lo mal que lo hemos hecho.

No hay hazañas grandiosas, no hay sufrimiento extremo, y no hay rabia ni ira. A veces son retazos, segundos inconexos, sonidos fugaces.

Quizás acaso el lugar olvidado, la persona ausente, la costumbre desarraigada, y otros factores son los hilos necesarios, sin que nada más importe. Así nos vemos distintos a lo que somos, con gente que ya no camina a nuestro lado, con otras ideas, con otros miedos, y miramos nerviosos a un tiempo que ya no volverá.

Las viejas historias que no elegimos se muestran a veces extrañas, y debemos hacer un ejercicio arquitectónico para darles algún sentido.

Otras veces encajan por una suerte inexplicable, como frases de un libro incompleto sin que debemos rellenar por instinto.

Pero incomprensiblemente en el análisis, siempre me producen emoción. Y aquí radica mi ignorancia, pues no logro completar en mi mente la completa y verdadera historia.

Sobre esta película escrita y rodada, mi mente descansa inquieta, ataviada de presente y futuro, segura de poblar un preciso campo de batalla.

Las horas juegan a su favor, y detrás solo queda una liviana calma premonitoria, un juego placentero que me tranquiliza y que me tiene ganado con lo mínimo.

Apenas recuerdo quién era, y apenas se quién soy, pero sobre todo mi ignorancia radica en no saber quién seré mañana.

En cualquier caso, quizás sean más importantes las viejas historias que esas pretenciosas capacidades de prever un futuro mas bien incierto.

Un abrazo.
Toño Molero.

5river02012016

 

 

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