LA PRIMAVERA Y OTROS SUCESOS

El brazo del invierno se alarga en estos días ya transformados por los extensos trazos lumínicos, ganados a la oscuridad diaria a base de agujazos de reloj, y como no, de la sana costumbre ecológica cien por cien, de solsticios y equinoccios varios que nos contemplan.

Parecen ya cortos los días pasados, aunque lastimeramente gravosos para aquellos que aún nos vemos insanos de ese bien que redunda en la mente, y que vemos fantasmas en cada esquina, quizás un poco al amparo de tanta oscuridad.

Por eso, en los días soleados que llegan, miramos con anhelo los campos verdes, y el cuidado amanecer de los colores que tiñen lentamente las dehesas, cuidando suavemente cada capa, cada proceso  adquirido por tantos años de costumbre. Luego, escuchamos con quietud el despertar casi repentino de tanta vida escondida, y recordamos con esa nostalgia espontanea que nos asoma, los sonidos olvidados tras el velo de las noches más frías.

La piel se calienta suavemente y las tierras se secan al amparo de un sol que toma presencia, todavía con miedo de invadir lindes que no le corresponden por derecho histórico.

La savia nueva ronronea decorando con el gusto habitual aquellos espacios propios que siempre nos sorprenden, a pesar las viejas rutinas circulares, de la espera de mejores momentos, de inquietud constante del devenir climático, de todo suceso con su adyacente necesidad de análisis y diagnóstico.

Y de fondo, los días se filtran endemoniadamente deprisa, las noches se tranquilizan, y la mente se despierta despacio de tanto letargo.

Yo, temo por mí, pues el tiempo avanza demasiado rápido, y apenas siento estar preparado para nada. La nieve aún se tiene en pie en las cumbres medianas, y el espeso frío interior sigue mandando sobre cualquier otro designio.

Todo parece querer tomarse su tiempo últimamente, pero seguro que esto es una de esas pequeñas anomalías de mi mente que se encajan sin consuelo entre los momentos vitales.

Espero que la primavera sea un aliciente para el despertar, para no recordar tanto, y para olvidar el futuro a favor del presente. Si nos hace un segundo más felices, será un tiempo que hallamos ganado a la vida.

Al amparo de los días largos, contemplad el lento crecimiento de los botones cromáticos, el devenir de los rayos calóricos, la bondad de un punto de exposición superior, los silbidos de los animados alados, y olvidaros ya de otro tiempo pasado solo para disfrutar del mismísimo momento presente.

Un abrazo

Toño Molero.

20RESI30032015

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