LA IGNORANCIA HUMANA

El mundo se muestra oscuro y pesado, gravado por los numerosos hechos salvajes que lo sacuden a cada minuto, a cada segundo.

Muchas veces me imagino la vida fluyendo ajena a la ignorancia humana, a esa inquietud  homínida enfermiza de manipulación permanente, a esa amplia necesidad de respuestas verdaderas a cualquier tipo de idea que pueble nuestra mente.

Me imagino una ley natural, una explosión organizativa exenta de ideas brillantes, solo marcada por un ritmo cósmico, por una costumbre excelente, mecida por la mente de un arquitecto creador, o fruto de la más simple función matemática, o ley física.

Tanto conocimiento como expresa el ser humano, se me hace humo bajo esta aplicada atmósfera terrestre. Demasiadas respuestas para otras tantas preguntas, que imperiosamente deben ser contestadas con tanto orgullo y seguridad, y detrás de todo esto, un triste molde que nos forma la conciencia con ese fin manifiesto de vivir así, de esta manera.

Y entonces sucede que el mundo se puebla de Dioses, de conocimiento, de poder, de ira, de certezas absolutas, de ideas brillantes, y un poco más allá se encuentra el verdadero hombre. Este sabio verdadero que se encoge ante la mente astuta y taimada, y que pasa desapercibido ante tanta ignorancia que todo lo impregna.

No deja de sorprenderme esa rutina de saberlo todo que perpetra la mente humana, y con tal conocimiento que uno se ve digno de dirección de este pequeño universo.

Yo defiendo la ignorancia humana, pues creo que hace al hombre mucho más sabio de lo que realmente se cree, y solo así quizás podamos comprender la verdadera sabiduría, la visión clara y certera de las cosas. Y desde luego, solo así se podrá empatizar con el resto de las partículas que nos contemplan, y entender un poco más este mundo.

A la sombra de tanto dato, mejor encoger este acogedor cerebro que nos limita, y que asome entonces la más absoluta de las ideas verdaderas para traer un poco de luz a esta tenebrosa existencia.

Desde un rincón debe partir nuestro espíritu en busca de la verdadera conciencia, solo para despertar de este sueño vano, y para ello quizás debamos olvidar todo lo que creíamos aprendido.

Partamos de la supuesta ignorancia para encontrar el verdadero conocimiento, y dejemos que la vida haga su trabajo.

Un abrazo.

Toño Molero.

Coleccion2

 

 

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