DÍAS DE TEMPESTAD, HORAS DE CALMA

 

Estos días que avanzan ya en las horas diurnas, y anhelan dejar atrás los oscuros rincones del alma, se muestran ahora inquietos, salvajes de necesidad, violentos incluso. Lo hacen conscientes de que pueden, de que deben mostrarse así, aunque no sea su verdadero ser.

Detrás de la ventana observo a los gigantes arbóreos agitándose con furia, demasiado confiados, poderosos y capaces de todo. Golpeados por una fuerza martilleante se mantienen firmes de espíritu, o a mi me lo parece.

De fondo, el sonido del invierno como queriendo despistar, como avisando de algo que va a suceder. Y tras la espera, el ciclo se repite.

Todos en batalla, seguros ganadores, y nadie acierta a imponer su norma. Sólo de vez en cuando algún elemento en cuestión arroja su voz por encima de los demás, pero apenas pasa un instante, se acalla, quizás entendiendo que no basta un momento para vencer.

Así suena esta tempestad desafinada, este aguacero rabioso. Y nosotros, cautos en algunas materias, apenas queremos ser partícipes de esta lucha.

Y entonces buscamos refugio tras las suaves fronteras, bajo mantas y edredones, acurrucado el cuerpo y el alma, y confiados. Demasiado confiados quizás de experiencia, quizás de latencia. Seguros de que este es nuestro mejor lugar, nuestro mejor momento.

Ahora, en las horas más calmas, donde el día no nos ha llamado aún, donde reposamos seguros y soñamos con días soleados, refugiamos nuestra mente de toda tempestad. Apagamos las luces y permanecemos tranquilos hasta que todo pase.

En las primeras horas de este nuevo día me entrego a mi ejercicio diario de meditación. Afuera arrecia el temporal y apenas consigo desconectar mi mente por escasos segundos. Pienso que sería muy bueno poder calmarnos en estas horas de calma, pues todo es propicio para ello. En el regazo del hogar, aprender a desconectar nuestra mente inquieta. Sentir el viento penetrándonos, la lluvia golpeando nuestros cuerpos, y aun así, tener la certeza de que no sufriremos ningún daño.

Un abrazo.

Toño Molero.

49gijonverano14082015

 

 

 

 

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2 comentarios en “DÍAS DE TEMPESTAD, HORAS DE CALMA

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