EN BUSCA DE LOS MARES

Son frecuentes los días en que uno siente una implorante necesidad de correr en busca de los mares más cercanos. Solo añora escuchar el rumor incesante de las mareas, el clamor de fluidos salvajes que parece escaparse a cualquier control.

Mi madre veneraba estos encuentros con el místico salino, seguro pensando en la vasta extensión que cubren sus aguas, y en sentir que poderoso como nos hace ver, mirándolo a los ojos, el mar se muestra sereno y sedante. La imagino ahora paseando por el viejo muro, con todo ese espectro receptor de emociones, contemplando y soñando, y rindiendo un profundo homenaje a las pálidas aguas del norte con su eterna sonrisa.

La imagino también formando parte de sus aguas duras. Con toda la calma, y con todo el poder, pintando las arenas de un brillo mate, y cuidándolo todo a su alrededor.

Nunca enmudece este océano. Nunca deja de sorprenderme. Quizás los más expertos conciban sus normas, sus horarios, y puedan entonces sospechar acaso que son conocedores de sus costumbres y sus devenires. Yo, atrapado en una agnosia visual, apenas entiendo nada.

Pero sí. Existe esa herencia en mis genes. Y entonces me asomo a los balcones donde sopla el viento del norte, donde anidan las gaviotas salvajes, y contemplo sin pesar las aguas calmas, los velos verdes ondeando sin respiro, la fauna que intenta en vano domar una fiera adormecida. Siento el inconfundible aroma húmedo penetrando por todos los poros de la piel, rastreando como perro de caza el más escondido de mis sentidos.

Siento como un golpeo certero su fuerza, y a la vez su paz. Es inmenso. Tanto que no acierto a imaginar su frontera. Me tiene en sus manos, a su merced, y entiendo la facilidad con que ha sustraído mi alma.

Así es. Mi madre siempre me decía. ” Nunca dejes de asomarte al mar”.

Ahora con más razón voy en busca de los mares, como una droga para mis sentidos, y albergo la extraña esperanza de ver una sonrisa tras las olas, un susurro tras el trueno del golpe con la roca, una brisa que masque suavemente las palabras que bullen en mi mente.”Nunca dejes de asomarte al mar”.

Así pues os recomiendo que acerquéis vuestro camino en alguna que otra ocasión a las fronteras que franquean los gigantes mantos azulados, y fijéis vuestra mirada sin ninguna pretensión de control. Quizás halléis la suerte de ver u oír algo que solo entienda vuestro espíritu.

Un abrazo.

Toño Molero.

15gijonverano14082015

 

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3 comentarios en “EN BUSCA DE LOS MARES

  1. Cuando pensamos es vivir en Asturias nos centramos en la cercanía de la montaña. Pasado el tiempo a orillas del agua el mar se ha convertido en un elemento poderoso. Su fuerza misteriosa parece imposible de eludir y me siento atrapado por su mirada como cuentas en tu relato.
    Un abrazo.

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  2. También yo me acuerdo mucho de tu madre, de cómo disfrutaba con cada cosa mínima, de cómo le supo sacar partido a la vida. Vivió intensamente, minuto a minuto, y eso nos lo ha dejado a los demás. Deberíamos intentar hacer lo mismo. Un abrazo. Mar.

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