AL LADO DEL RÍO

En estos días en que el invierno se asoma lentamente a veces encontramos luz suficiente para caminar lejos de bullicio diario, y entonces empieza un pequeño viaje, una justa medida de  aventura, un respiro para el cuerpo cansado.

Los primeros instantes son de emoción, sobre todo para la pequeña Luka, que todo lo encuentra inmenso. Ir sin ella sería menos aventura, pues necesita cierta vigilancia en este entorno multidisciplinario al que tardará en acostumbrarse.

Las aguas rugen menos salvajes que en alguna ocasión que recuerdo. Ahora apenas yacen tranquilas, como estudiando el camino a seguir, indecisas, casi calladas, sabedoras seguro de que llegará su momento de furia y dejarán de ser invisibles para muchos. Podrán entonces gritar enloquecidas y explorar otros lugares cercanos. Podrán recordarnos la belleza, y el detalle. Y lo harán como si nada, sin permiso, sin conciencia.

Seguimos su curso en silencio, explorando al detalle la flora y la fauna que nos rodea, e intentando interpretar en vano el destino de estas aguas  acromáticas salvajes e inexpertas que parece que actúan por instinto básico.

A veces Luka se asoma temerosa en los filos del camino como queriendo conocer quién acompaña su paseo con un constante susurrar. Yo, distraído, a veces olvido el sonido del lugar, y apenas escucho un siseo lejano. Abstracción que abandono para silbar una llamada, a la que acude rauda la pequeña para no quedarse atrás.

La luz se filtra temerosa en estos días, y el reloj se hace perezoso, pues nunca llevamos prisa. A mi lado la gente pasea tranquila, alimentando el espíritu supongo, aunque otros alimentan también  el cuerpo como por doctrina, o por extrema necesidad supongo. “Tendrá que haber gente pa todo.”

De vuelta siento que me gustaría seguir andando eternamente. Desde aquí no se escucha la ciudad., y el mundo no parece tan cruel. Aquí todo es diferente y siento como si esto fuera la cordura que nos rodea.

No estoy lejos de casa. Estoy al lado del río,. Donde el alma se recoge para observar y los ojos solo son una herramienta. Aquí es mejor escuchar y sentir, porque todo lo demás … es cosa de locos.

Un abrazo.

Toño Molero.

24SANMARTINDELCASTAÑAR17102014

 

 

 

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Un comentario en “AL LADO DEL RÍO

  1. Leyendo esto desde el ambiente impersonal y sin clima de una oficina (nunca hace frío, nunca hace calor), donde el único sonido de agua es el del grifo que algún compañero abre en la no lejana cocina-office, uno siente las ganas de escapar “lejos del mundanal ruido” cuanto antes para sumergir los tobillos en alguna alguna charca inofensiva.
    De momento, nos conformaremos con el regusto que deja tu texto.
    Un abrazo.

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