EL OTOÑO… Y OTRAS COSAS.

Los días se suceden invisibles,escasos ya en su forma. Un punto menos de exposición marca la diferencia, y el aroma a hoja caída inconfundible se entremezcla con una extraña variedad cromática en polar opaco. Los vientos se asoman con silbido suave, tomando ya posiciones estratégicas, y aparece un rocío aún infante en las mañanas.

Los aguaceros dispares mitigan cualquier intento de revolución atemporal y toda aventura o escarceo se alimenta de una espesa capa de perfume a roble quemado, eso sí, también propio del lugar.

Ahora los caminos se camuflan lentamente bajo un manto de patrón común monocromo. El silencio es más silencio y la noche más noche.

Avanza el reloj con cada  hoja caduca , con cada segundo perdido de luz y  crece el miedo invernal, como si hubiéramos olvidado ya esa sensación pasada que ahora parece tan lejana. Comienza otra era, otros tiempos.

Repaso mentalmente los paseos por el bosque, la camiseta y pantalones cortos, las veladas nocturnas al sabor de la luna, los días de vuelo de mis pequeños diablillos voladores, el baño nocturno, la pequeña cosecha casera de tomates, el helado de frambuesas, y tantos otros fenómenos estivales vividos.

También recuerdo un año duro, difícil de asumir y extraño, absurdamente extraño. Un año marcado por la muerte de mi madre, que todo lo enlentece y lo tiñe de un raro velo, y por otras pequeñas cosas. Cosas mayores y menores, buenas y malas, grandes y chicas.

Todo cambia demasiado deprisa, y siento que no estoy listo para lo que viene. Son estos días extraños, y aún así llenos de una salvaje belleza. Ahora se me ocurre que sería el momento de girar la manecilla al revés, de volver el tiempo a mi favor y regresar súbitamente al despertar de una incipiente primavera, donde nada de esto hubiera sucedido nunca, y donde empezar de cero un prometedor tiempo de verano.

Pero seamos cabales por un día, por un instante de locura, y aceptemos el pasado y el futuro como rayos quiera que sean, como extraños que nos parezcan, y vivamos el presente como hayamos aprendido, como nos enseñen nuestros miedos, como nos aliente nuestro espíritu.

El otoño llegó, y otras cosas más. Nunca olvidaré y nunca dejaré de esperar, pero os prometo que en los ratos en que la locura no me consuma, miraré cara a cara a mi espíritu y caminaremos de la mano, disfrutando el momento, la estación, la vida, sin esperar nada más.

Un abrazo.

Toño Molero.

Coleccion2

 

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8 comentarios en “EL OTOÑO… Y OTRAS COSAS.

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