LOS ANTIGUOS DIOSES … Y LOS NUEVOS.

Regreso cansado de un retazo más de veloces minutos que se deslizan martilleando  el momento. Pensativo por naturaleza, y también por el instante. Todo me parece relativamente tranquilo, como si nada fuera a suceder, pero algo empieza a acaparar espacio en mi mente.

Una especie de escalofrío que recorre mi cuerpo se asoma como si un rayo me atravesara y súbitamente se presenta de nuevo como una vieja compañera de viaje, una pregunta indomable. Una suerte de ancestral costumbre.

Miro fijamente a través de las escasas estrellas visibles sin el éxito esperado y susurro alguna maldición sórdida y oscura propia de la profunda noche, que ya presentada formalmente, se debate en ligero combate con las tenues luces que apenas iluminan las aceras a mi paso.

Entonces rompo el silencio sin reparos, y escribo sobre el negro lienzo de un universo que me acecha desafiante, soberbio, seguro ganador.

¿Acaso nos contemplan nuestros Dioses?. ¿Serán entonces precisos en su modo y capaces en su forma de velar por nosotros?. ¿Seremos importantes, insignificantes, secundarios, vitales, desconocidos?.

Agacho la cabeza lentamente, y vuelvo a maldecir entre dientes. Yo no tengo la respuesta e estas estúpidas preguntas me digo.

Lentamente recupero la cordura, embarrado por el espeso humo que escupen las numerosas chimeneas recordando con destreza el comienzo del otoño.

Y entonces me respondo  riendo, nervioso, cansado, caminando despacio.Me respondo con una falacia, con una esperanza, con un disparo.

Quizás existan nuestros Dioses. Puede que nos contemplen en nuestros segundos, en nuestra locura y en nuestra cordura, en nuestros sueños. Quizás escuchen nuestras súplicas, nuestras preguntas. Puede que valoren nuestra fe, nuestro esfuerzo.

Nosotros, ignorantes, no sabemos nada. Pero Ellos sí. Ellos lo saben todo. Saben quienes somos y nos miran sin pena, sin temor, sin odio, sin nada que conozcamos. Quizás nosotros mismos seamos Dioses algún día, “Los nuevos Dioses”, y observemos el mundo inquietos por nuestro pasado, por nuestro recuerdo.

Ya no se si cuerdo o loco, diviso la luz de mi casa. Estoy cansado, pensativo por naturaleza, y también por el instante.

Entraré en casa y pediré a los antiguos Dioses y a los nuevos que me dejen tranquilo esta noche. Mañana, seguiremos la partida.

Un abrazo.

146MENORCA16092015

Toño Molero

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