RECONSTRUCCIÓN

Los viejos y certeros sonidos,  ahora tan conocidos. Los reflejos esculpidos sobre empedrados mojados en los tenues callejones, y las típicas costumbres que se insinúan asomando tras las sombras que nos alojan. Los días pasados, y el escaso futuro. La furia de la tormenta, y la calma de la prudencia. El amor ciego, y los siguientes segundos inciertos.

Y a pesar de todo ello, la destreza del alma observándolo todo en la distancia más absoluta.

El tiempo corre, como solo él sabe hacerlo de manera innata. Los tiempos se transforman a cada pequeño amanecer, y la oscuridad y la luz se alternan silenciosas en su eficiente arquitectura diaria.

Apenas empieza un año y ya termina otro, olvidado súbitamente, desterrado a un archivo de sucesos señaladores, como nexo a un motivo vital consecuente.

La lluvia sigue cayendo sobre nosotros, y el sol nos despierta del letargo en el que nos sume la niebla más profunda. Y sin embrago los rasgos más extremos se ausentan ya de nuestro pequeño plan diario solo para anidar en el recuerdo más pasado.

El mundo aguanta un año más las embestidas de lo extraño, y uno sigue viendo de todo un poco en esta vida tan pasajera.

 

Los últimos acordes de este año que se escapa repiquetean silenciosos en mi pequeña parcela de abrigado refugio.

Pasan las nubes sobre las estrechas aceras, y el río se escucha, torpe, acechando un encuentro seguro que ha de venir.

Apenas inquietan los vientos sordos del norte, y reposan sabiamente las costumbres de otros tiempos.

Los relojes nunca paran, y sin embargo se impregnan de sucesos que los disfrazan de pasado y futuro, solo para asustarnos un poco más aún.

Yo no puedo olvidar ciertas cosas, y apenas recuerdo otras, y aquí sigo contemplando esta insólita existencia nuestra, como si fuera consciente de algo de lo que sucede realmente.

No se si nuestro tiempo se acaba, o realmente nunca lo hemos tenido.

Solo espero aquí sentado,  a que sucedan las cosas, a la imaginación, a la sorpresa, a la experiencia más extensa, a que todo cobre un sentido verdadero.

Sospecho que tendré que cambiar para contemplar el mundo con otras capacidades, con otras circunstancias que me permitan bosquejar una sonrisa verdadera con solo un pequeño vistazo.

Hasta entonces, confórmense con lo que hay.

Felices días, pues siempre me resultó exagerado atreverse con un año entero.

Toño Molero.

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LOS DÍAS DE FRODO

Hoy Frodo dormía tranquilo, soñando quizás con extensas nubes algodonadas en las que distraído jugaba eternamente, o acaso, diestro aventurero, imaginaba alguna extensa aventura con final feliz.

Como era su costumbre se acercó sigiloso a dormir a mi lado, y se hizo pequeño, más aun de lo que era.

Como siempre abrió enormemente sus gigantes ojos azules, y luego, poco a poco, los fue cerrando al amparo de las caricias, y de la oscuridad, y de esa tranquilidad que reina en las últimas horas del día.

Frodo no era el gato con botas. Frodo era un gato tranquilo, curioso y eternamente bueno. Nunca conocí ningún ser mas paciente.

A los pocos días de llegar ya no era tímido, ya no era solitario. En unos segundos era parte de nuestra familia. Solo hizo falta mirarnos a los ojos, susurrarnos lentamente  y esperar sin decir nada.

Frodo llevaba quince días con nosotros, y sin embargo sentíamos como si siempre hubiera estado ahí. Respetando el silencio audazmente, asomaba tras cualquier rincón como si llevara allí una eternidad.

Nos hacía reír en sus juegos, en sus costumbres, en sus peleas de atrezzo. Era lento, y rápido, y educado. Casi nunca protestaba, y socializaba en su justa medida. Era un ejemplo de armonía, tenía ese don de la belleza natural que algunos seres poseen, y sin alardear de ella sabía que nos tenía absolutamente entregados.

De una suavidad extrema, y de un callado conformismo. Frodo era nuestro gatito preferido, nuestra nueva sonrisa.

Hoy Frodo dormía tranquilo, soñando con un mundo distinto, con algo más de lo que aquí percibía. Quizás acurrucado en algún rincón cercano, al amparo de los últimos rayos de sol. Quizás con su eterno juego y su mirada triste, acechando asustado a la espera de una suave caricia.

Era pequeño, peludo, de patas grandes y enormes ojos azules. Era bueno, paciente y astuto. Le llamamos Frodo, y vivió con nosotros hasta ayer cuando la vida le mostró su eterna realidad.

Casi no nos despedimos Frodo y yo. Una enfermedad repentina y la dolorosa decisión de evitar su sufrimiento separaron a Frodo de nuestro lado.

Nos conocíamos desde hace unos días, pero nunca más lo olvidaremos. Un rincón de nuestro maltrecho corazón estará siempre contigo.

Hasta pronto viejo amigo. Disfruta del viaje.

Toño Molero.

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YO MISMO

Una vez más contemplo el mundo un instante antes de perder la cordura. El viento sisea distraído sus ecos dinámicos, y me enreda en un profundo letargo. Las nubes se dispersan en un extraño desorden áureo, y todo el resto se mantiene suavemente quieto.

Y aquí y ahora permanezco yo, sentado tras el silencio de los muros protectores, reflexivo, nervioso, emocionado y asustado. Decidido a estudiar una vez más cada movimiento, cada trazo dibujado. Sin saber si soy quien era entonces. Con más pasado que futuro y con menos presente del que siempre sueño.

Callado e introvertido, necesitado, y activista de pequeños escarceos vitales. Vagabundo emocional y aventurero controlado. Nada irracional por supuesto, y moderadamente inquieto.

A días alternos me emociono con el mundo que me rodea, pero ya no recuerdo los sueños de mi infancia.  Ya no hago tantos planes, y las noches a veces me dan miedo, por ese asunto del  exceso de pensamiento.

Dicen que un halo de tristeza me acompaña, y sin embargo yo,  apenas puedo verla de tanta costumbre. Me agrada la realidad de la vida, aunque apenas pueda controlar mis propias emociones. No creo en casi nada que no entienda levemente, pero hace años que aprendí a no negar nada.

A veces me enfado conmigo mismo y entonces tengo que aprender a odiarme un poquito.

Cada día camino un poco más despacio, con la esperanza de no asustarme demasiado de las cosas de esta vida. Pero soy consciente de tener que caminar hasta el final, tratando de hacerlo lo mejor posible.

Ha pasado ya un año, y todo me parece extrañamente distinto.

Apago ahora las luces de esta publicación semanal que dejó abierta no obstante a mi codicia esporádica.

Yo mismo me he podido conocer un poco más, y mecer entre mis manos inexpertas alguna que otra emoción controlada tras la extensa tormenta.

Ahora queda el aroma mágico que perdura tras los aguaceros, el sabor a tierra húmeda, la luz tenue que asoma lentamente, y sobre todo la calma que lo inunda todo.

A veces todo acaba como empieza y a veces el mundo se muestra tal y como lo sospechamos. A veces las cosas suceden y ya está.  Pero la vida funciona como la imaginamos, y deberemos estar atentos.

Desde aquí, desde la tormenta, estaremos vigilando.

Un abrazo.

Toño Molero.

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DESANDANDO

Camino hacia atrás, y observo el proceso minuciosamente, repasando cada instante vivido, cada respiración robada, cada gesto adquirido.Los días de latencia infinita, los espíritus caídos, las horas empleadas en casi nada, y la eterna esencia de los años reposando lentamente sobre mi consciencia.

El mundo me contempla distraído, y las horas se apagan suavemente, y solo  entonces la brisa tranquila que acuna los sauces, me suma en un profundo letargo. Algunas estrellas se antorchan ya en el cielo, y algunos sonidos opacos se entremezclan nerviosos entre si.

Entonces contemplo los detalles concretos, como una visión onírica, y se asoman intensos los paisajes resecos del verano, los paseos por los valles viejos, el aroma de las tardes soleadas, los caminos escondidos de belleza extrema, las mañanas de hospital y las tardes de estudio, las aventuras contenidas, los primeros besos, los primeros llantos.

Observo los colores del cielo, el verde de los prados y los muros de mi educación. Los riachuelos helados atrapados en  un crudo invierno, el asfalto desgastado del recreo, el polvo del camino bajo mis pies  inexpertos.

Diviso a la gente a mi alrededor, a mi madre siempre tranquila y sonriente, a mis abuelos pacientes, a mi hermano protector, a mi padre trabajador. Imagino mi cuarto de juegos, sus marcadas fronteras, su acogida constante.

Y además me veo a mi mismo, asustado, inseguro, con la cabeza llena de preguntas, y con una destreza incierta acompañándolo todo,  esperando su momento. Siempre buscando un camino, nervioso de nacimiento, con tanto que aprender, y tanto que olvidar. Y luego me asomo indefenso, atado a una necesidad básica, en mis primeros instantes, y con todo aún por suceder.

Quizás a alguno de vosotros os gustaría poder desandar lo andado, y poder empezar de nuevo a probar esta suerte de fenómeno vital que nos envuelve. Yo, lo hago cada minuto, cada instante, atrapado en los sueños más profundos de los que nunca recuerdo nada.

Lentamente despierto de este pensamiento que nunca olvido y recobro la cordura momentáneamente, solo para preguntarme si realmente he enloquecido ya.

Ahora, las horas traen el final de un nuevo día, y ya no creo en casi nada. Sin embargo pronto llegará la noche y entonces, quizás acaso, soñaré esperanzado con poder desandar lo andado.

Un abrazo.

Toño Molero.

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LOS ESPEJOS CÓSMICOS

Ahogado en los sucesos que irremediablemente suceden, sostengo suavemente entre mis manos una vieja teoría kármica de índole realista.

Camino despacio, con la voz ahogada y ronca, y la mente atenta a demasiadas cosas. El mundo se detiene lentamente a mi alrededor, pero no es suficiente.

Todo parece fluir a mi paso lento a una velocidad arrolladora. Una especie de automatismo que al análisis minucioso no hace otra cosa que estremecerme. Una traza de slow motion emocional que inquieta en su forma, y que inunda los espacios huecos de mi percepción más pura.

No parece haber lugar para el análisis a tiempo real, ni para la comprensión estructural de este entramado vital. Solo un disparo continuo que construye una realidad aplastante. Un mundo entero que se muestra tal y como es.

Me imagino entonces el origen, y comprendo que quizás no pueda ser de otra manera. Al mirarme en los espejos, no distingo que parte de las dos es la original, y cuál es el reflejo. Todos mis movimientos se coordinan matemáticamente en una especie de ballet cósmico, y siento el pulso de la vida latir en una minúscula porción espacio ajeno a ningún tipo de control.

Miro un poco más allá y me viene a la mente un espacio mucho mayor, donde todo es un reflejo perfecto y permanente que acompaña suavemente los movimientos de una  forma original que se oculta a mi visión. Veo las imágenes de este mapa vital reflejadas en los espejos cósmicos, como si fueran reales, como si hubieran viajado durante miles de años para ser reproducidas en un mínimo instante de tiempo, y luego quedaran olvidadas a su suerte.

Mas allá de mi comprensión, me deslizo cauteloso por los linderos que me contemplan. Apenas puedo concentrarme en nada en esta travesía que acontece. Todo parece demasiado complicado, y yo no puedo imaginarlo de otra forma.

Contemplo mi reflejo pensativo, silencioso, intuyendo que su origen pueda estar mucho más allá de mi entendimiento, y que esta vida que no entiendo pueda ser simplemente un asunto de otro tiempo.

Un abrazo.

Toño Molero.

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EL VERANO Y ALGUNOS RECUERDOS

Los días cálidos se suceden vertiginosos, desgarrando lentamente el intenso verde vivido, y acercándonos suavemente a una postal conocida, encajada en un pequeño rincón de nuestras cabecitas locas. Los días se muestran generosos como regalándonos algunas horas extra, y todo se tiñe de un color fuego apenas filtrado por los estéticos filtros naturales que nos protegen de esta locura.

Las horas se hacen más silenciosas, y el agua necesaria. Siempre es un alivio escuchar sus corrientes, sus escondites secretos, y su atronadora explosión de tormenta.

Supongo que siempre presente, nos mece el hecho del recuerdo estival más primitivo. Las lagunas pobladas de bichos, y juegos, y aventuras. Los pasos buscando las sombras de las pesadas huertas, de los marrones bosques, al amparo de alguna historia que poder contar.

Y las vacaciones, como un regalo inesperado, como una paleta en blanco esperando las primeras pinceladas.

Luego, las noches quietas, con sus sonidos que acerca la brisa, con las estrellas intentando llenarlo todo, con el misterio oculto, con las pequeñas tertulias, los juegos casi olvidados, y la magia eterna de una incipiente quietud.

Y siempre el súbito amanecer, su frescura infinita, sus colores postrados, su nula intensidad salvaje. Solo se mece sin pretensiones, manteniéndonos quietos, solitarios,  tranquilos.

Buscamos refugio en las horas en que nos creemos volver locos. Sonreímos  con el sol que amenaza, y nos sentamos cansados a la luz de las viejas estrellas. Podríamos parar aquí los relojes, y vivir con esta rutina, pero que sería de nosotros sin los vientos fríos de las montañas.

El verano llegó, y también algunos recuerdos. Quizás es así como somos capaces de reconocerlo con tanta claridad.

Nos queda una estación por delante, que como siempre lo hizo, pasará rápida, imperceptible en el análisis. Mi mente se divierte con aquellas historias de la niñez, pero es seguro que tendré que centrarme en los días que suceden, pues así debería ser la vida realmente.

Hoy, de todas formas, tendremos que conformarnos con mirar un poquito atrás.

Mañana, será otro día.

Un abrazo.

Toño Molero.

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ADIÓS PEQUEÑA ADIÓS

Un año lento y tenue que late inconsciente, deja atrás un espacio hueco que recorre mi mente haciendo mella en los últimos intentos de cordura ancestral.

El viento se levanta, y los pequeños sucesos cotidianos toman forma imparables, y suavemente se mecen con las horas martilleantes de los relojes cósmicos, y las tardes se hacen noche como es costumbre, y creo firmemente que también los pájaros ahogan sus susurros en las madrugadas, y las flores crecen ajenas a aquellos hechos que ahogan nuestros cuerpos, y el tiempo ya no se detiene nervioso a esperar.

El mundo, mi mundo, se alimenta lentamente, con el aroma de cada pequeño rincón, con el sonido de las horas lánguidas, con los pesos que deja la frescura lúcida atrapada en un pasado con fecha de caducidad.

Procurando que el tiempo no pase, ha pasado ya un año, y todos los segundos entregados llevaban impresos una parte tuya, una armonía tenaz grabada, una pequeña célula emergente.

Tendría tantas cosas que contarte, tantos consejos que pedirte, tanto que enseñarte y tanto que aprender, que el mundo podría detenerse curioso y esperar ansioso una señal, un pequeño detalle, solo para continuar girando impasible una décima de segundo después.

Aquí todo continúa fluyendo extrañamente. Unos días sonrío, y algunas veces escribo. A ratos me entretengo con mis cosas, o enredo mi mente en épicas batallas. En algunas ocasiones enfermo, y muchas veces lloro amargamente. Algunos días la vida me divierte especialmente y otras muchas me aburre.

Pero siempre me acuerdo de ti, como un susurro constante de armonía, como un placebo místico de energía contagiosa.

Un año después la vida continua, lenta, constante, y el viento se levanta, y las estaciones cesan y quizás los tiempos cambian.

Yo rezo mis plegarias que apenas entiendo, y te echo de menos. Y en las tardes más tristes y en las mañanas más alegres a veces me pierdo en extraños laberintos absurdos.

Hoy, entre la tenue penumbra de una larga noche, con el silencio roto por los sonidos de un alba incipiente, las primeras luces me devuelven una insistente corriente que recorre impasible mi mente.

Adiós, pequeña, adiós, y gracias por todo.

Aquí la vida sigue, silenciosa, rápida, y extraña

Un abrazo.

Toño Molero.

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